martes, 21 de junio de 2011

kapii 5

Él la besó entonces. Profunda y apasionadamente. Su lengua restregándose contra sus labios, enviando olas de deseo moviéndose en espiral por su cuerpo. Ella gimió contra su boca, acunando su cabeza mientras un necesario deseo la recorría.

Él mordisqueó sus labios. —Tal vez deberías ser escritora.
—Eso es lo que menos puedo hacer.
—¿Por qué?
—Me enfermo de sólo pensarlo.
Él frunció el ceño. —¿Por qué? Ness miró a la distancia mientras recordaba ese día horrible. —Yo estaba en la universidad y deseaba tanto ser escritora que quise probarlo. Para especializarnos en escritura creativa, tuvimos que presentar nuestra mejor pieza de ficción. Entonces me presenté con un cuento de ficción que pensé era magnífico y realmente diferente. Trabajé y lo adapté hasta que estuve segura que era perfecto. Presenté todo el paquete al jefe del departamento y luego esperé oír la respuesta.
Ella tragó al recordar cómo se había enterado de la decisión de la profesora. —ElDiario Literario salió unas semanas más tarde, y ahí era donde estaban todas las historias cortas de los estudiantes que fueron admitidos.
—¿Tu no estabas en él?
Su estómago se apretó. —Yo estaba, sí. Ella había escogido mi historia para destacar que“no” hacer si uno alguna vez quería ser tomado en serio como escritor. Ella ridiculizó cada aspecto de mi historia.
Sus brazos se apretaron alrededor de ella.
—No puedes imaginarte lo humillada que estaba. Juré que nunca más haría nada creativo. Que yo nunca pondría tanto de mí en algo para que después se burlaran.
Las lágrimas ardían en sus ojos y ella hubiera gritado si Zac no hubiera inclinado su cabeza hacia atrás y arrastrado su lengua desde su barbilla a su garganta. El toque de su cuerpo alejó el dolor y ella gimió por lo bien que él la hacía sentir. Qué seguros hacía él sus sueños.
—¿Por qué es tan importante para ti que yo sea creativa? —preguntó ella.
Él se retiró y le dirigió una dura mirada. —Porque tu creatividad reprimida es lo que atrae al Skoti. Si tú la liberarás, ellos no tendrían ningún forraje por tus pesadillas.
Eso sonaba maravilloso hasta que ella pensó en ello. —¿Y que pasa contigo?
—¿En cuanto a mí?
—¿Si el Skoti se va, tu te irás también?
Él miró a los lejos y ella vio la verdad de eso. Su corazón le dolió al pensar en no verlo nunca más. Incluso aunque ellos acabaran de conocerse, ella lo necesitaba. Le gustaba la forma en que la protegía. La tocaba.
Como una niña tímida ella había vivido toda su vida con sólo unos pocos amigos e inclusive menos novios. Ella nunca había estado realmente cerca de nadie. Si embargo se sentía unida de algún modo a Zac. Sentía una conexión, una necesidad de estar con él.
—No quiero que me dejes.
El corazón de Zac se sacudió ante las palabras que nadie nunca le había dicho antes. Sólo estaba acostumbrado a que la gente intentara ahuyentarlo.
Ella se reclinó contra su hombro para así poder alzar la vista y tocar su cara.
Ella estaba tan hermosa allí. —¿Por qué deseas mi compañía? —preguntó él.
—Por que tú eres mi campeón.
—No, no lo soy.
—Sí, lo eres. Tú me salvaste del Skoti.
Él tragó ante eso. —Si alguna vez vieras como realmente soy, me odiarías.
—¿Cómo podría?
Él cerró sus ojos mientras los recuerdos surgían en él. Este sueño con ella, era una ilusión. No había nada de verdad en él. Lo que él oía, lo que ellos sentían… todas ilusiones sin forma.
Y sin embargo él quería ser real. Por primera vez en su vida, deseaba algo verdadero.
Deseaba a Ness.
—Ni siquiera sabes qué soy yo —susurró él.
—Sí, lo sé. Eres un Oneroi. Defiendes a la gente de sus pesadillas.
Zac frunció el ceño. Había pasado mucho tiempo sin que nadie conociera ese término. —¿Qué es lo que conoces sobre el Oneroi?
—Alguien me contó sobre ellos más temprano, hoy y un poco que investigué después de que llegué a casa. Sé muchas de cosas sobre ti ahora.
—¿Como cuáles?
—Que no puedes sentir ninguna emoción en absoluto. Pero no creo eso.
—¿No lo crees?
—No. Tú eres demasiado bondadoso.
Zac estaba atontado por sus palabras. La bondad era algo que él nunca había pensado oír aplicado a él. Hypnos se reiría hasta provocarse una hernia de sólo pensarlo.
—¡Hey! —dijo ella de pronto. —Vamos a hacer algo que yo siempre quise hacer, pero nunca tuve las agallas.
—¿Qué?
Ella examinó el lago frente a ellos. —Bañémonos desnudos —. Antes de que él pudiera contestar, ella se puso de pie y se sacó su camiseta.
El aliento de él quedó atascado en su garganta mientras miraba fijamente sus senos desnudos. Sus pezones estaban duros y él juró que ya podía saborearlos. Con su cuerpo ardiendo, él dio un paso hacia ella y paró sólo al sentir el dolor de las heridas de lanza que subían por su espalda. Si él se desnudaba, ella vería las heridas. Vería lo que ellos le habían hecho. Y él no quería que ella lo supiera.
—Ve tú —dijo él. —Quiero mirarte. 
Ness no supo dónde encontró el coraje de desnudarse mientras él la miraba. Nunca había sido tan valiente en la vida real. Sin embargo en su sueño a ella no le importó. De verdad le gustaba la mirada caliente, lasciva, en su cara mientras ella se  quitaba sus jeans y bragas y se dirigía al agua.
Zac la miró nadar. Miró el agua lamiendo su piel desnuda. Sus pechos brillando en la luz mientras flotaba sobre su espalda y él pudo ver el mojado enredo de rizos entre sus piernas.
Él ansiaba ir a ella y separar sus piernas hasta que él pudiera…
Se dio la vuelta alejándose.
—¿Zac?
La preocupación en su voz lo atravesó. Él tenía que abandonarla.
Incapaz de soportarlo, él corrió a través del bosque, ignorando la agonía de su cuerpo. No era nada comparado a lo que guardaba en su corazón.
De pronto él se sintió cambiando. Él vio a sus manos perder su forma humana. Sintió la quemante sensación de su piel mientras su carne se transformaba…

—¿Zac?
Su corazón latía enloquecido, él sabía que no podía quedarse. No sin que ella averiguara la verdad.
Cerrando sus ojos, él se teletransportó de su sueño.

Bueno son solo 4 coments y les dedico este capii a ustedes quien comentaron:Angy,Kary,Eriana y a Alice!!! :D espero mas coments en este kapii
ATT:"W" :)

lunes, 20 de junio de 2011

Cap 4!!





Era después de la medianoche antes de que Vanessa finalmente encontrara el coraje de irse a dormir. Estaba aterrorizada de lo que podrían traer sus sueños y aún así, quería ver a Zac otra vez.
¿No era algo estúpido?
Él no era real y no había ninguna garantía que ella volviera alguna vez a tener otro sueño con él.
De todos modos, deseaba un pequeño milagro.
Rindiéndose al dominio de Morfeo, dejó que su agotamiento la venciera.
En vez de la sensación de caída que había aprendido a esperar de sus sueños, sintió como si volara por encima del mundo. Por primera vez en semanas, tuvo un sueño normal, feliz.
Nadie la persiguió. Nadie la asustó.
Fue el cielo, excepto por la ausencia de un amante fantasma en particular.
Suspirando en su sueño, Ness se vio vestida con jeans y una camiseta con delgados tirantes, sentada afuera en el porche, balanceándose como solía hacerlo en el patio de la casa de su Tía Mae. El día era perfecto, brillante y agradablemente cálido con una fragancia mezcla de madreselva y pino. Ella había pasado tantos juveniles veranos aquí, en esta granja en las montañas de California.
Cómo había podido olvidarlo.
—¿Qué es este lugar?
Se sobresaltó ante la profunda, acentuada voz detrás de ella.
Dándose vuelta, vio a Zac apoyado contra el pasamano blanco del pórtico, sus manos aseguradas a cada lado de él, mirándola. Su largo pelo negro estaba atado atrás en una cola de caballo y sus claros ojos de plata eran cautos. Su negra camisa toda abotonada sólo acentuaba los músculos perfectos de su cuerpo, y sus jeans tenían agujeros en las rodillas.
Por alguna razón que ella no podía comprender, él lucía un poco pálido y cansado, sus rasgos apretados. A pesar de eso, estaba contenta de que él estuviera aquí.
Ella le sonrió. —Este es uno de mis sitios favoritos de la niñez.
—¿Qué hacías aquí?
Ella se levantó y se acercó, pero él se alejó rápidamente. —¿Pasa algo?
Zac sacudió su cabeza. Él no debería estar aquí. Él debería haberse quedado lejos de ella, y aún así…
Él no pudo.
En cuanto ella se había dormido, él había sentido su presencia calmante llamándolo.
Decidido, él había luchado tanto como pudo.
Pero al final, había sido en vano.
Él había venido aquí contra su voluntad. Contra su sentido común. Su cuerpo, aún cuando se curara cien veces más rápido que uno humano, estaba todavía lastimado y dolorido por su castigo. Esto le recordó el alto costo que tendría que pagar otra vez si alguien llegaba a saber donde estaba él.
Ella colocó su mano en su brazo. Zac cerró sus ojos mientras el dolor lo atravesaba. Sus brazos estaban tan increíblemente doloridos, pero ni siquiera la agonía de sus heridas podía ocultar el caliente, intenso temblor que él sintió con su toque.
—Ven —. Ella deslizó su mano por su brazo para tomar su mano en la suya. Él miró fijamente con asombro sus dedos enlazados. E intentó no sentir cómo su suave toque se sentía contra su piel. Cuánto él quería quitarle su ropa y hacer el amor con ella por el resto de eternidad.
—Déjame mostrarte —dijo ella.
Le permitió conducirlo, hacerle bajar los escalones del porche y atravesar el patio hacia un viejo granero. Mientras ellos caminaban de la mano, la imaginación de ella lo atontó. Su sueño era tan vivo y vibrante. Él nunca había visitado a nadie que hubiera creado algo tan maravillosamente detallado.
Ella liberó su mano para abrir las puertas bien engrasadas del granero y mostrarle tres caballos descansado dentro de sus pesebres.
Zac la miró retirar una manta del lomo de un pinto, luego conducirlo hacia él. Lo asombró que el caballo no relinchara al percibir su olor. Nunca antes un animal había tolerado su presencia en un sueño. Pero el pinto marrón y blanco parecía completamente a gusto con él. Esto hablaba profusamente sobre cuanto poder tenía su mente.
—¿Alguna vez has montado a caballo? —preguntó ella.
—No.
Ella le mostró cómo montar el caballo; después se subió para cabalgar delante de él. Zac se sostuvo de su cintura mientras ella espoleaba al caballo para un galope y recorrieron el campo.
Sentir el animal bajo él, con ella en sus brazos mientras montaban a caballo, lo colmó. Él se sintió extrañamente libre y casi humano.
Lo llevó a un lago donde desmontaron y el caballo desapareció en una nube marrón de humo.
Ness se sentó sobre la hierba y comenzó a escoger flores salvajes para tejerse una corona. Encantado, él miró sus manos mezclar los tallos para convertirlos en una intrincada pieza que guardaba poca semejanza a un simple tocado.
Mientras ella trabajaba, él apoyó la espalda de ella contra su pecho para poder sostenerla.
Sólo por un ratito.
—Eres tan increíblemente creativa —dijo él. —Este lugar es tan… tu —terminó él. Y lo era. Brillante, amistoso, acogedor. Todo era bueno.
Todo Vanessa.
Ella se rió felizmente y el sonido trajo un extraño consuelo a su pecho. —No es cierto.
—Sí, eres tú —. Era lo que lo había hecho buscarla al principio. —¿Por qué suprimes tu creatividad?
Ella se encogió de hombros. Zac apoyó su mejilla sobre su pelo castaño y trazó círculos sobre su estómago con la mano. —Cuéntame.
Ness nunca había sido la clase de persona que confiara en otros, y a pesar de eso se encontró contándole a V'Aidan cosas que ella nunca le había dicho a otra alma. —Yo siempre quise ser creativa, pero nunca fui buena en eso.
—Lo eres.
—No. Intenté tocar la flauta cuando era una niña y recuerdo que cuando dieron audiciones en los primeros años de la preparatoria yo fui a tocar mis escalas y no pude llegar a las notas más bajas.
—Estabas nerviosa.
—No tenía talento.
Ella sintió el aliento de Zac sobre su cuello mientras él la hocicaba gentilmente. La excitación corrió por ella, tensando sus pechos.
¿Qué había en su toque que la incendiaba? Y cuanto más sentía su toque, más lo deseaba.
—Apuesto que serías una gran artista.
Ness le sonrió por la confianza que él tenía en sus capacidades. Era un agradable cambio. —No puedo dibujar una línea recta con una regla.
Él la besó entonces. Profunda y apasionadamente. Su lengua restregándose contra sus labios, enviando olas de deseo moviéndose en espiral por su cuerpo. Ella gimió contra su boca, acunando su cabeza mientras un necesario deseo la recorría.




Hola! Soy una amiga de Cary o TriiTrii cm la conoscan xD
Ella me pidio un favor de yo publicar el capii desde la PC de un primo que vino d vacaciones :) yo nose bregar con esto de blogger ni como poner fotos y y cosas asi
Asi q les dejo este capii.. Quiero muchoos coments pq a la verdad es q me costo trabajo pasarlo y cambiar los nombres y todo eso eh!! XD
Adiosss espero q les haya gustado el capii
Att."W" :)

martes, 7 de junio de 2011

IMPORTANTE

Hola girlzz!!
Debo informales q no podré publicar xq mi compu se daño!!!! :(
Y estoy desde la laptop de un amigo
Estoy muyy triste.... :'( pero les prometo q tan pronto se arregle publicare..pero ahora solo queda esperar..
Es para q no piensen q la cancelé...
Bueno chikass bye las quieroooo

sábado, 4 de junio de 2011

Cap 3


Zac se sentaba alto por encima del océano, posado sobre una pequeña saliente que apenas acomodaba su gran cuerpo. Él había venido a este lugar, el más lejano que él podía recordar, desde que había sido un chiquillo, allá... al comienzo de los tiempos.
Aquí era donde él había venido después de sus palizas rituales, que habían sido diseñadas para quitar sus sentimientos y compasión. Aquí era donde había descansado, esperando que el dolor de su existencia disminuyera hasta que otra vez pudiera encontrar el entumecimiento para el que había jurado vivir.
Aquí sobre su saliente él podía oír el rugido de las olas y mirar fijamente la inmensidad del agua y sentirse, de una extraña manera, en paz.
Sólo que ahora la paz se había ido. Hecha añicos.
Algo extraño le había pasado cuando había hecho el amor con Ness. Fue como si hubiera dejado un pedazo de él con ella.
Incluso ahora, podía sentirla. Si cerraba sus ojos, hasta podría decir lo que ella estaba sintiendo.
Peor, él la ansiaba, de tal forma, que lo consumía. Quería estar con ella otra vez, sentir la suavidad de su toque sobre la piel. Nunca había sabido que tal suavidad existiera, y ahora que lo sabía...
—Has roto una regla, ¿lo sabes?
Él apretó sus dientes al oír la voz de Wink encima de él. Buscando, encontró dos grandes e inquisitivos ojos de plata que estaban fijos en él con interés.
Wink era el último dios que quería ver en este momento. El hijo de Nyx, la diosa de la noche, y Erebus, la encarnación de la oscuridad primordial, Wink era técnicamente el tío abuelo de Zac y uno de los más viejos de los dioses; sin embargo, actuaba más como un humano pre-adolescente. Su cara juvenil estaba siempre radiante y brillante y llevaba su largo pelo castaño trenzado cayendo por su espalda.
La cosa más molesta sobre Wink era que le gustaban las bromas pesadas y siempre se reía de los niños de Myst.
—No hice nada.
—Oh, vamos, confiesa, Zac. Oí a tus hermanos hablando sobre ti. Ellos dijeron que les habías quitado a un humano y desaparecido. Ahora, cuéntamelo todo.
—Márchate.
Wink sonrió ante esto. —Entonces realmente has hecho algo. Oooh, y debe ser bueno, para ser tan reservado.
Zac miró fijamente el océano que se arremolinaba abajo. —¿No tienes algo mejor para hacer? Como atormentar a los dioses que puedan estar irritados contigo?
Wink sonrió aún más abiertamente. —Sarcasmo. ¡Hmm!, alguien ha estado cerca de los humanos demasiado tiempo.
Zac no respondió.
Él no tenía que hacerlo. Wink se acercó a su hombro y olió como un cachorro ante un par de calcetines sucios. Los ojos de Wink se ensancharon mientras se apartaba. —¿Estas irritado conmigo, verdad?
—No puedo sentir irritación y tu bien lo sabes.
Eso no funcionó. Wink volvió a flotar al lado de Zac, sus ojos más grandes que platillos. Tomó la barbilla de Zac en su mano y estudió sus ojos. —Puedo ver emociones ahí, girando, mezcladas. Estás asustado.
Zac retiró su barbilla del asimiento de Wink y lo apartó. —Te aseguro que no. No le temo a nada. Nunca lo tuve y nunca lo tendré.
Wink arqueó una ceja. —Que vehemente negación. Tu clase nunca siente tal pasión cuando habla, y sin embargo tú lo haces.
Zac miró a lo lejos, su corazón palpitando. Él sintió la extrañeza del pánico en su pecho. Y recordó una vez, eones atrás, cuando había sido un niño y se había atrevido a hacer la pregunta equivocada.
—¿Afrodita, por qué no puedo tener amor?
La diosa se había reído de él. —Tú eres el niño de Myst, Zac. Ella no tiene forma, es deforme. Vacua. Lo mejor que puedes esperar es sentir efímeras, sordas emociones, pero amor… el amor es sólido, eterno, y más allá de tu entendimiento o capacidad.
—¿Entonces por qué puedo sentir el dolor?
—Por que éste, como tu, es un fantasma efímero. Como el gran océano baja y fluye, hinchándose en titánicas proporciones, luego disolviéndose en la nada. Pero  nunca dura mucho tiempo.
A lo largo de los siglos, había aprendido que la diosa estaba equivocada sobre el dolor. Eso, también, era eterno. Nunca se marchó.
No hasta que había tenido a Ness.
Cerrando sus ojos, él no lo entendía. ¿Qué le había hecho ella?
Wink lo pinchó con el dedo sobre el hombro. —Vamos, Zac, dime por qué estás en este estado.
Él alzó la vista hacia su tío abuelo. La confianza de cualquier clase era tan ajena a Zac como el amor. De todos modos él necesitaba la experiencia de Wink. Wink había vivido más tiempo y sabía más que él. Quizás pudiera darle una idea. —Si te digo que pasó, debes jurarme por el Río Styx  no decírselo a nadie. Nadie.
Wink asintió. —Que Hades me encadene en Tartarus, juro por Styx nunca pronunciar una sola palabra de lo que me digas.
Zac respiró profundamente y se preparó para la traición. —Yo tuve sexo con un mortal.
Wink arqueó una orgullosa ceja y sonrió. —¿Agradable, verdad?
—¡Wink!
—Bien, lo es. Altamente recomendable —. Wink hizo una pausa especulativa. —¿Era un hombre o una mujer?
—Una mujer, por supuesto. ¿Qué clase de pregunta es esa?
—Una muy entrometida y de acuerdo con mi encantadora personalidad.
Zac puso sus ojos en blanco. Ahora entendía lo que querían decir los otros dioses cuando decían que Wink podía ser un gran dolor en el trasero.
—¿Entonces —continuó Wink, —estuvo buena?
Una ola de deseo atravesó a Zac, perforando su ingle con excitación ante la sola mención de ella. De todos modos él rechazó contestar aquella pregunta. Era personal y a Wink no tenía que importarle.
—Juzgando por la mirada en tu cara, lo tomaré como un sí.
Zac gruñó a su tío abuelo y trató de cambiar de tema. —De todos modos, algo pasó.
—¿Algo?
—Eso me cambió de algún modo.
Wink resopló. —Eso es estúpido. Si dormir con un mortal cambiara a un dios, no quieras saber lo que yo sería ahora. En cuanto a Zeus… muero de sólo pensarlo.
Zac no hizo caso a sus palabras. La peor parte de todo era esta necesidad incesante que él sentía por ver a Ness otra vez. Sentir sus manos sobre él.
Ansiaba su ternura.
Ansiaba su calor.
Él tenía que tenerla.
—¡Zac!
Wink palideció ante el sonido de la voz de Hypnos. Hypnos era un dios que tenía bajo su dominio a todos los dioses del sueño. Tarde o temprano, todos ellos respondían a él.
—Uh-oh —susurró Wink. —Parece loco —. Wink se desvaneció, dejando a Zac solo para afrontar la ira del viejo dios.
Zac alzó la vista sobre su cabeza para ver el ceño enfadado del anciano. Pero ya que nunca había visto ninguna otra expresión en la cara de Hypnos, no podía juzgarla. —Él me parece el mismo.
—Zac —gruñó Hypnos. —No me hagas ir hasta donde tú estás.
Zac resopló en respuesta. Si Hypnos pensaba asustarlo, tendría que intentar algo nuevo. Zac había aprendido hacía mucho tiempo a no preocuparse.
Elevándose hasta las rocas de arriba, él fue a encontrar al dios que hacía que Skoti y Oneroi, por igual, temblaran de miedo. Sólo él podía darles una emoción verdadera.
Zac no sintió nada mientras se acercaba al anciano.
—Has seducido a un mortal en su sueño.
La acusación colgó entre ellos mientras Zac lo miraba fijamente.
—¿Qué tienes que decir por ti?
Zac no dijo nada. ¿Qué podía decir? Él había cometido un acto prohibido. Otros dioses podrían tomar gente como quisieran, pero no su clase.
Él no era el primero de sus parientes en violar ese mandato. Sin embargo, no era lo suficientemente tonto para pensar durante un minuto que Hypnos sería misericordioso con él.
Él no era un hijo favorito.
—Tú conoces nuestro código —dijo Hypnos. —¿Por qué lo rompiste?
Por que quería ser abrazado. Solamente una vez.
Durante un momento en la eternidad, quise fingir que alguien me quería.
La verdad lo atravesó. Sin tener en cuenta lo que Hypnos le hiciera como castigo, había valido la pena.
Él nunca olvidaría que por un precioso momento había sostenido a Ness en sus brazos y ella había dormido plácidamente encima de él. Su aliento cosquilleando su pecho, ella había hecho algo que nunca nadie había hecho antes. Había confiado en él.
Su calor había rezumado en él, y por primera vez desde que había nacido, si no amor, había conocido la ternura. Y eso había sido suficiente.
Hypnos lo miró como si él fuera asqueroso. Vil. Pero claro, Zac estaba acostumbrado a eso, también.
—Tómenlo —dijo el antiguo dios, empujándolo a las manos de sus verdugos. —Quiten la contaminación humana de su carne y asegúrense que nunca olvide el dolor de ello.